Al visitar el museo de Arte Contemporáneo y admirar la exposición de la Bienal de Sao Paulo me causó una sensación de que estaba en un museo de la historia del hombre contemporáneo. Las Bicicletas de Jarbas Lopes, los “collages” de Armando Andrade Tudela, las fotos de Miki Kratsman y los dibujos en carboncillo de Mario Navarro; me transmitían hechos históricos del hombre contemporáneo. Pude apreciar el conflicto en Afganistán, la época de la dictadura militar en Chile, en fin. Confieso ser un desinteresado por los museos, es más era la primera vez que asistía a uno, por lo que tenia una expectativa distinta de lo que me iba a encontrar en el MAC. Esperaba encontrarme con un arte más interactivo, un arte que me invitara a un mundo desconocido y a la vez interesante, pero después de recorrer el museo termine con un gusto agrio y con esta sensación de haber hecho un recorrido por los últimos años de la historia contemporánea.
El arte puro tiene un carácter colectivo y en una obra se interpreta por ello. El arte nos invita a entrar a un mundo fuera de lo dual, donde el tiempo y el espacio no nos limitan. Todo lo que el arte logre sacar de esta zona, “será reconocido por aquellos que lo lean, vean u oigan como una parte de ellos mismos, produciéndose así automáticamente la empatía y el arrobamiento. Este es el verdadero sentido del término “obra de arte universal””[1]. Algo que no pude sentir al ver la exposición del MAC. Esa invitación que me da el Arte puro, no la pude encontrar en este no-arte, es más, sentí que estaba frente a un espejo en el cual se reflejaba el carácter individual del hombre, el mundo dual en el cual estamos aferrados, los apegos en los cuales buscamos la felicidad y el sufrimiento y los miedos que eso nos trae.
Analizando desde el hilo de Ariadna, claramente me percate que el sujeto está completamente ausente en la obra y que se funde en el objeto. La dualidad prima, por lo que la obra es fundada totalmente en está realidad dual, lo que le da una estructura definida. Al ver la exposición vi reflejada esta dualidad, como un espejo que me muestra el mundo en que me encuentro; las guerras, la pobreza, el sufrimiento, la desigualdad económica, etc. En fin, fue como una cátedra de los problemas actuales lo que me llevó a pensar que los artistas fundan una estructura en su no-arte en la protesta por los problemas que tiene el mundo contemporáneo. El Arte dejó de ser la ventana que me muestra la unidad, para pasar a un No-Arte, un silencio, una protesta en contra de lo vacío, del materialismo, etc. por parte de los artistas que buscan un mundo de felicidad y esperanza.
Lo que nos presentan estos artistas es algo totalmente acertado. Hoy en día tenemos una realidad del hombre volcada más hacia fuera que hacia dentro. Somos esclavos de los apegos y nos volvemos cada vez más individualistas. La conciencia va ganando terreno y con esto las ventanas que se nos abren hacia la inconsciencia y a lo colectivo, dejan de ser atractivas y las dejamos de lado. Este es el principal obstáculo para el Arte, el cual necesita de un renacer de lo colectivo y de una percepción de empatía por parte del hombre. El hombre por el extremo de singularidad al que llegó, ha sido víctima de un excesivo materialismo. Ello le ha hecho olvidar el propósito y el rol del arte como restaurador del equilibrio de su psiquis. Ha llegado a negar la existencia de una realidad trascendente, hacia la cual el arte puede comunicarlo.
“…produce una stasis que proviene de un sentimiento de afinidad que no podemos definir con palabras y nos deja detenidos, absortos, suspendidos en un momento de contemplación estática.”[2]
El arte contemporáneo que tuve la oportunidad de presenciar representa, para mí, un espejo del mundo dual y una expresión clarísima de la tendencia individual que está teniendo el hombre, lo volcados que están hacia lo físico, a lo material. Es un síntoma que está teniendo el arte y una señal de alarma que nos da como aviso del camino que estamos tomando.
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